Una economía de mercado y globalización asociada, como modelo de desarrollo acuñado con fervor por moros y cristianos en Chile, impacta cada día en la masa laboral, en sus derechos y sus organizaciones. Una afección de ello es la subcontratación, que como gestión del factor trabajo y demandas de exigentes mercados, ha traído profundos cambios en las relaciones de trabajo, estabilidad y calidad del empleo.

En el espacio ‘Liderazgos’ de Radio U. de Chile y Grupo Impulso, dialogamos con Nolberto Díaz (@NolbertoDiaz), oriundo de Punta Arenas, Secretario General de la Central Unitaria de Trabajadores,CUT, Presidente de los Trabajadores del Petróleo (ENAP), y ex dirigente estudiantil, sobre el liderazgo sindical de hoy, sus desafíos y complejidades sociales.

Desde la CUT, una organización nacional que propende desde sus anhelos fundacionales, el defender los derechos de los trabajadores, Díaz reconoce que el nivel de representatividad aún es mezquino (15,4% -2017), sin embargo, obedece – entre otros aspectos globales – a “un tema cultural. La gente en Chile sigue teniendo miedo a armar un sindicato”, ya que arrastra perjuicios para los dirigentes al interior de las empresas.

La dictadura militar dejó en nuestro país secuelas que todavía rondan como fantasmas en los sindicatos. Desde que el ‘Plan Laboral’ fuera creado por José Piñera para aniquilar el movimiento sindical histórico, no se ha devuelto la dignidad a los asalariados, “porque lo que se hizo fue destruir un sujeto social para poder hacer la modernizaciones que la dictadura quizo hacer, y ese sujeto social en estos 20 años no se ha podido parar”, acotó el secretario General de la CUT.

No obstante lo anterior, el dirigente sindical no le saca el bulto a los problemas internos de la CUT. Explica que éstos fueron resueltos de cara al país y ante los tribunales de justicia, a diferencia de los empresarios, autoridades y parlamentarios coludidos en fraudes de gran envergadura, señaló.

Los trabajadores subcontratados han visto sus derechos laborales, colectiva e individualmente, jibarizados como consecuencia de la intermediación de un tercero, lo que dificulta las relaciones entre los trabajadores y su verdadero empleador, aquella empresa licitada, dificultando de este modo la proyección sindical.

En este mismo aspecto, Nolberto Díaz emplazó a los representantes del Estado respecto de permitir la subcontratación del personal que labora al interior de los organismos públicos. Desde esta perspectiva, la reflexión está sentada en la moral social: “entonces, eludimos responsabilidades laborales”, desde los propias entidades estatales.

En particular, respondió sin tapujos sobre la relación contractual entre partidos políticos y la función sindical. “Porque los partidos tienen expresión en los sindicatos y esos partidos se organizan y compiten en listas”, aunque reconoce que ciertos dirigentes – erradamente a su juicio – simpatizaron con algunos gobiernos pasados, especialmente a partir del retorno a la democracia.

Un ejemplo de ello, señaló Díaz, es que con gobiernos de centro izquierda a la cabeza, “nos demoramos 25 años para hacer una Reforma Laboral”, la que consignó más de 800 indicaciones durante su diseño ejecutor.

Frente a la pugna del concepto ‘dirigente’ y ‘líder’, sin pelos en la lengua, Díaz señaló que “hay muchos dirigentes sindicales que no ejercen liderazgo y que lo que hacen finalmente es estar un tiempo ahí, y tomar esto como un hobby”. En este aspecto, agregó que “a Chile le faltan muchos líderes y particularmente en el movimiento sindical”, aunque disparó esta misma necesidad hacia el parlamento y los partidos políticos.

“La clase política en Chile, perdonénme, en algunos lados, está muy podrida”, lo que se ejemplifica en la perdida de US$500 millones en la última administración de ENAP, con el apoyo de ciertos parlamentarios. Por ello, las confianzas se reconstruyen no eligiendo a cualquiera, esto implica – a juicio de Díaz – informándose adecuadamente sobre quiénes son los verdaderos representantes de los electores.

“Nosotros hoy día hemos logrado, de alguna manera, convencer a la clase política que la reforma anterior laboral todavía es mezquina e insuficiente”. Porque la libertad de organizarse y pedir un mínimo salarial digno es básico, más allá de la unidad productiva donde se encuentren, dijo.

Respecto de la capacitación y profesionalización del dirigente social, el representante de la máxima organización sindical en Chile, reconoció que “falta mucho todavía, porque nadie quiere ser dirigente sindical o porque es mal visto ser dirigente vecinal”.

Volver a escuchar la entrevista: viernes 29 de marzo.