¿Quién se iba a imaginar en los tiempos de la Colonia, que lo que partió como un mercado de trueques de cosas por alimentos en la Plaza de Armas de Santiago se convertiría con el tiempo en la plaza de abastos más importante del país: La Vega Central? Nadie. Pero a pesar de ello la cosa es así hoy, tal como nos lo contó el gerente general de La Vega, Manuel Jesús Caro Lamas.

La Vega Central partió con el trueque y de allí derivó a la compra de productos hortofrutícolas que venían del norte -porque al sur de la capital ya los mapuches estaban luchando por sus tierras-, pero al otro lado del Mapocho en el sector conocido como La Chimba, en terrenos cedidos por Agustín Gómez García en 1895, en 1910 se creó ‘La Vega’, fundamentalmente para organizar el comercio que allí se practicaba y para ordenar el tema precios de venta y reventa.

En La Vega hay mil locales y 600 dueños organizados en tres comunidades y una cooperativa. Allí la actividad es constante y no para las 24 horas del día, los 365 días del año. Para las ventas de retail la actividad se extiende entre las 07.00 y las 19.00 horas (en invierno solo hasta las 18.00 horas), y para las transacciones mayoristas la cosa va entre las 19.00 y las 07.00 horas. Con todo, allí los niveles de venta diarios son del orden de los cinco mil millones de pesos, y todos las jornadas del año circulan por el recinto delimitado por las calles Dávila, Antonia López de Bello, Rengifo y Salas unas 45 mil personas.

Desde el punto de vista operativo La Vega tiene dos sectores -aparte del estacionamiento, que es otro tema. Está el sector remodelado, que según su gerente poco tiene de eso, pues tiene 38 años, y que es donde están los lácteos, los abarrotes, el pan y la carne, y el sector antiguo (al otro lado de la calle Lastra, que corta en dos el recinto) donde están los productos hortofrutícolas. Allí hay gente que lleva más de 60 años en La Vega.

También aclaró otras cosas, como, por ejemplo, que al contrario de lo que muchos creen el 95 por ciento de los compradores es ABC1, que siempre los precios son un 35 por ciento más baratos que en supermercados, que La Vega no es pinochetista, aunque Pinochet se la haya vendido a los locatarios, que el 60 por ciento de los locales está arrendado por extranjeros, y que las mujeres peruanas, colombianas, dominicanas y ecuatorianas trabajan más que sus hombres, y que son más trabajadoras que las chilenas.

Dijo que La Vega es un crisol donde todos conviven sin problemas, los de la “U” con los del Colo, los de la UDI con los PC, los RN con los Radicales, porque lo que existe allí es el Partido de La Vega. El gerente ve como todos los fines de semana llegan los ministros de Estado y los generales de Carabineros con la bolsita o el carrito a comprar lo que y dónde les dice su señora. Eso, porque con el tiempo los locatarios se dieron cuenta que demostrarle confianza al cliente es bueno, porque un cliente contento siempre vuelve.

Además, dijo que ahora La Vega es un centro gastronómico y turístico que ya forma parte de los circuitos capitalinos más cotizados, y eso en gran parte se debe a la labor relacionada con la entrega de servicios del directorio que administra esa ciudadela.

Por un lado, la seguridad en La Vega es mejor que la de un banco, porque tienen más de 200 cámaras de seguridad y porque todos están comprometidos en la vigilancia (primero ellos apañan a los cacos y luego se los entregan a la policía). Y por otro, está el asunto del aseo, que cuenta con unas 60 personas en dos turnos y que limpian todo el día, proporcionando un servicio mejor que el que entrega la Municipalidad de Recoleta. Por último, en los últimos 10 años el servicio de estacionamientos ha aumentado de atender a dos mil vehículos en la semana (2005) a 16 mil este año, entre transportistas y compradores. Y precisó que el dicho -patentado ya- de “Primero Dios, después La Vega” se justifica plenamente porque allí siempre todos tienen una oportunidad para trabajar y vivir dignamente.

Vuelve a escuchar la entrevista: viernes 14 de agosto.