Cuando los emprendimientos apuntan a solucionar problemas, se agradece, pero cuando se encargan de ayudarnos a superar malos funcionamientos de nuestro entorno de los cuales no teníamos ni la más pájara idea, se agradece aún más. Y eso es lo que ocurre cuando nos enteramos de lo que hacen empresas como Hidrobox, acerca de la cual nos contó su gerente general, Fernando Rivas.

Bajo el eslogan “Mantenemos el agua bajo control”, HidroBox se dedica básicamente a resolver un problema que es mucho más que algo meramente casero, y que por cotidiano y por no conocer sus implicancias, ignoramos hasta que nos estalla en la cara: el del sarro. Si, esas poco agradables costras que se forman en el fondo del calentador de agua que usamos día a día y que, de cuando en cuando, nos obligan a cambiarlo porque son muy difíciles (por no decir imposible) de sacar. Ese problema lo tenemos en Santiago y está en todas las ciudades donde son altas las concentraciones de sales de calcio y magnesio en el agua potable, que hace que se denomine técnicamente como “agua dura”.

Según nos explicó el ingeniero Rivas, eso se debe a que mientras desde más profundo en la tierra provenga el agua que consumimos, más minerales trae. Pero esas sales no son (o por lo menos no se ha comprobado científicamente) dañinas para la salud humana, es más, nuestro organismo las necesita para su metabolismo cotidiano.

Lo que ocurre es que el calcio y el magnesio cristalizan al entrar en contacto con el agua caliente y forman el desagradable sarro. Pero ese sarro no se forma solo en los calentadores de agua, también se forma y se adhiere al interior de las cañerías de los calefones y las calderas, provocando que estas se estrechen y se vuelvan cada vez menos eficientes. Incluso, ese sarro obliga a usar más combustible para calentar el vital elemento, pues por cada milímetro de sarro que se pega a las cañerías, es preciso usar un 10 por ciento más de combustible para conseguir el nivel óptimo de calor del agua.

Y en eso trabaja Hidrobox, solucionando este problema en los edificios donde hay redes centrales de agua caliente conectadas a una caldera y en casas donde hay calefones. Porque la solución existe, es tecnológica y moderna, y ha venido a remediar una ‘enfermedad’ del entorno ciudadano que es similar el de las arterias cuando son estranguladas desde adentro por las placas de colesterol. Y no solo las cañerías sufren, también lo hacen las conexiones, los medidores y las llaves.

Entre los métodos de solución están la instalación de ablandadores de agua y de sistemas de osmosis inversa, así como de dosificadores que agregan un polifosfato alimenticio al agua que reacciona despegando las partículas de sarro y encapsulándolas para que no se vuelvan a incrustar en las cañerías. Eso propicia que ese sarro circule por las cañerías o en los artefactos – incluyendo los calentadores – por lo que eventualmente se consume o utiliza sin advertir el posible daño.

De esta forma se prolonga la vida útil de los sistemas de agua caliente, incluidos los artefactos, y se evita gastos mayores en combustible o detergente por menor eficiencia de los mismos. Eso redunda en que las inversiones también se optimicen al no tener que lidiar en casas o edificios de departamentos con cambios en la infraestructura o costosas mantenciones de ella.

¿Y dónde ubicar a estos emprendedores de HidroBox, que solucionan problemas que seguramente muy poca gente considera?, en www.hidrobox.cl y en contacto@hidrobox.cl

Vuelve a escuchar la entrevista: viernes 25 de septiembre.