El 8 de diciembre de 2010 a las 05.10 de la madrugada fallecen 81 reos y quedan 16 heridos, a raíz de un incendio provocado por internos de la cárcel de San Miguel. Cerca de un año y medio demoró la investigación del periodista Diego González que se selló en un libro titulado: “Fuego en la cárcel de San Miguel”. Citoyens 102.5 FM, quiso saber acerca de los pormenores de esta tragedia penitenciaria.

Cómo se conectó el autor con esta historia? Todo se inició desde sus vivencias escolares en la comuna de San Miguel hasta las imágenes repetidas hasta el morbo por la prensa nacional. “Me generó mucha rabia saber que todo este caso había quedado inconcluso, que la justicia no fue tal, que se acusó a personas que no eran culpables y siempre con un discurso de que ellos habían sido (…) cuando vi que esta historia estaba inconclusa vi también la oportunidad de contarla y al mismo tiempo dar una respuesta a toda esta rabia en el fondo que genera la idea de que vivimos en un sistema cruel e injusto y que no ve en los hombres el valor, sino ve solo números”, aclara el cronista González.

La cárcel de San Miguel fue creada en 1982 para una capacidad de 500 reos, se hizo una remodelación de 800 internos y posteriormente se informó acerca de una ampliación de 1.200 más, lo que nunca fue comprobado según informes de la fiscal Mónica Maldonado. Esa noche fatal de diciembre habían cerca de 1.900 reclusos al momento del incendio, con 100 gendarmes al custodio, divididos en 3 turnos, agrega nuestro invitado.

“Cuando se da la alarma, de que algo está pasando adentro del cuarto piso, de la Torre 5, los gendarmes llegan al lugar con un ‘delay’ de tiempo por las comunicaciones que les dicen desde el perímetro hacia los que están adentro y cuando ellos llegan arriba, llegan a un escenario que jamás pensaron y que era que estuviera todo incendiado, cuando ellos llegan al piso de arriba el incendio ya estaba desatado, a los 2 minutos el candado superior de la reja quedó inhabilitado por cuestiones, está comprobado por peritajes que están explicados en el libro, que son bastante detallados y que son muy  científicos, aquí trabajó un experto peruano, se llama José Luis Torero, ingeniero del fuego, que asesora a la NASA en transbordadores espaciales (…) y sus estudios – complejísimos – decía que en 2 minutos el candado superior ya no funcionaba, entonces cuando los gendarmes llegan a un escenario en que habían alrededor de 800 grados de calor en la pieza chica, el candado superior no abría y ellos venían armados como a combatir una riña, entonces se sorprenden con este escenario, ellos intentan abrir el ala, el cuarto piso que está dividido en Norte y Sur, intentan abrir el Sur que es donde está el foco del incendio y efectivamente ellos hacen lo que más pueden”, dijo el autor de la investigación.

El diagnóstico del incendio producto del peritaje investigativo daba cuenta de la existencia de muchos elementos combustibles en el interior de las celdas. “El año 2010, el presupuesto de Gendarmería para alimentación de cada preso era de 700 pesos, y con estos 700 pesos tenían que darle desayuno, almuerzo y once, y estas comidas se daban entre las nueve, la una y las tres de la tarde, luego a las cinco de la tarde los hombres volvían a estar encerrados en sus piezas, con candado y los gendarmes en su zona de vigilancia (…) se cocinaba con balones de gas, y se cocinaba con anafes y se cocinaba con leña (…) en espacios que tenían alrededor de 120, 140 metros cuadrados donde convivían 71 hombres (…) entonces la precariedad que había ahí, el escenario que había era brutal, absolutamente brutal, y por cierto ilegal porque el castigo que dictamina el Estado no tiene que ver con tú te sometas a un régimen de violencia sino que a ti se te prive de libertad, es un castigo brutal y por eso ahora hay una oficina de Derechos Humanos dentro de Gendarmería”, relata González.

La reinserción para reos comunes – según el libro – es posible en la medida que se trabaje el tema educacional y valórico, ya que estos recintos penitenciarios son verdaderas escuelas del delito y tienen – por otro lado – una importante cantidad de reos que son llevados por no pago de pensiones alimenticias y de multas de tránsito, y que dan cuenta de una verdadera radiografía carcelaria. Por otro lado, los “perdonazos” gubernamentales no ayudan a crear un cambio conductual de los internos y siguen, después de 150 años, como una deuda de la sociedad y del propio Estado chileno.

Vuelve a escuchar la entrevista: viernes 14 de octubre.