Una relación contemporánea y “cotópica” es la que permite entender cómo el ‘Cristo de Mayo’, ‘La Quintrala’ y el ‘Terremoto Magno’ que azotó Chile hace 368 años ocupan un lugar complementario en nuestra historia. Así nos lo dio a entender nuestro invitado Luciano Ojeda, sociólogo fundador de Cultura Mapocho en su segunda visita a Citoyens 102.5 FM, ya que desde mitos urbanos e historia santiaguina desempolvó uno de los hechos que mejor se conserva del camino que han recorrido juntas nuestra ciudad capital y su historia.

Nuestro invitado nos encaminó hasta la noche del lunes 13 de mayo de 1647, cuando nuestro inquieto suelo se movió de manera impúdica, tanto que según las actuales mediciones bien podría catalogarse en los 8,5 grados Richter. Ese fue el Terremoto Magno. En ese entonces, Catalina de los Ríos y Lisperguer –La Quintrala- ya había superado las 40 primaveras y era un personaje de temer: mujer e independiente, mala mezcla para la época según la creencia popular, poco antes ella había botado a la calle la imagen que ahora se conoce como el Cristo de mayo porque la miraba raro. Claro, también se dice que antes de desecharlo, lo azotó, como solía hacer con los hombres que la incomodaban.

Según Ojeda, la historia oficial dice que ese Cristo es la primera figura religiosa policromada hecha en Chile por autor conocido, fray Pedro de Figueroa, un agustino llegado a estas tierras desde el Virreinato del Perú, que al percatarse que en nuestro país había pocas imágenes religiosas decidió confeccionar su versión del Cristo de la Agonía y cuando estuvo listo lo entregó a la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia (hoy San Agustín), donde fue instalado en la Nave del Evangelio, aproximadamente en 1614. Allí permanece desde que el Terremoto Magno echara por tierra casi todo Santiago.

Fue ahí cuando la fe de nuestra ciudad pecadora recibió un espaldarazo divino –según los cronistas de la época-, pues el muro donde se apoya la imagen no se cayó y la corona de espinas del Cristo bajó desde su frente hasta su cuello, algo físicamente imposible si se tiene en cuenta la solidez de los materiales en fue confeccionado. El Terremoto Magno mató cerca del 25 por ciento de la población santiaguina, que a la sazón no superaba las cuatro mil personas.

En medio de ese devastador panorama, y ante la necesidad de contar con una figura adorable frente a la cual la ciudadanía pudiera rogar por el perdón de sus pecados, el obispo de Santiago, Gaspar de Villarroel, sacó esa misma noche al Cristo en romería entre la iglesia y la Plaza de Armas. De este modo nació la tradicional procesión que desde hace 368 años recorre ese tramo de la pecadora ciudad de Santiago cada 13 de mayo, la del Cristo de mayo, a la cual Luciano Ojeda nos invita.

Vuelve a escuchar la entrevista: viernes 8 de mayo.