Proyecto DIBAM: Internos de cárceles chilenas leyeron 20 mil libros durante el 2017


El plan que desarrollan, en conjunto con Gendarmería de Chile, tiene una cobertura tal que alcanza al 51% de las cárceles con una biblioteca funcionando. Oyarzún recalca que esta situación ha generado cambios importantes en aquellos recintos en que los reclusos tienen acceso a los libros y la lectura. Citando las palabras del director de Gendarmería de Valparaíso, Eduardo Muñoz, afirma que ha bajado el bullying, ha bajado la violencia y mejorado la forma de relacionarse de los presos entre ellos, con su familia y con el entorno.

En relación al proceso de acercar a los reos a la lectura, con todos los prejuicios que hay al respecto, Miguel Ángel Rivera afirma que la labor de montar bibliotecas al interior de las cárceles es un trabajo que ya conocen a partir de la larga experiencia acumulada y que el mayor desafío al que se enfrentan es precisamente el cómo “acercarse a esa población que históricamente está muy alejada de la lectura” y dice que con el tiempo las estrategias han ido cambiando y adecuándose.

Primero consultaron con todos los que habían tenido ya experiencias con la lectura y los libros en los recintos penitenciarios, los profesores, los talleristas, gendarmes, ex internos y bibliotecarios que ya tenían un trabajo desarrollado, sobre qué había resultado y qué no funcionaba. Más allá de los grandes prejuicios que existen con estos lectores, Rivera afirma que la estrategia de fomento lector para reclusos no se diferencia mucho de cualquier otra estrategia de acercamiento de la gente a los libros.

Miguel Ángel Rivera recalca que una estrategia que da buenos resultados es trabajar con la ‘autobiografía’ de los internos y señala que una vez que han traspasado el pudor de escribir o contar sus primeros relatos, la vinculación con los libros se abre como un nuevo y gigantesco mundo nuevo.

El mecanismo de difusión más eficaz es sin duda la noticia que corre de boca en boca y eso se refuerza a través de los talleres de escritura sobre temas que son del interés de la población penal, temas que se conversan entre los participantes en las actividades y que motivan la escritura de los primeros textos.

Respecto del impacto de un programa de “fomento lector” al interior de una cárcel, quedan dudas sobre su potencial o el grado en que la lectura pueda influir en las tasas de reincidencia de los reos una vez que han recuperado su libertad, pero Oyarzún es optimista y señala que el cambio cultural que genera la lectura, una biblioteca en la cárcel, en el barrio, en la comuna, es un impacto cultural que cambia esos espacios y en un recinto como la cárcel, este impacto es aún mayor.

Un dato relevante es que las bibliotecas del ‘Plan de Bibliotecas en Recintos Penitenciarios’ están orientadas a servir tanto a la población penal como a los funcionarios de Gendarmería, a sus familias y a todas las personas que trabajan en ese entorno.}

Para el Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas estas bibliotecas son espacios democráticos que habiendo tenido un proceso de mediación, un programa de fomento lector, que incorporó a Gendarmería, y por supuesto, a los reclusos, han generado un cambio importante respecto de los proyectos anteriores y se han convertido en algo que todos los recintos de reclusión de país quieren replicar. Finalmente los invitados fueron enfáticos al señalar que las personas recluidas han sido privadas de libertad pero no de sus derechos, y estas bibliotecas cumplen con la misión de asegurar esos otros derechos.

Volver a escuchar la entrevista: viernes 12 de enero.

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