Luciano Ojeda: Las fiestas de fin de año en Chile en los últimos 200 años

¿Cómo fueron las Navidades de los viejos tiempos? Es lo que hablamos hoy con el Sociólogo Luciano Ojeda en #Citoyens...102.5 FM Radio U de Chile

¿Cómo fueron las Navidades de los viejos tiempos? con el Sociólogo Luciano Ojeda.

Las fiestas de final de año llegan con los españoles a América y a Chile, especialmente aquellas que se incuban desde la cultura judeo-cristiana, versión española, donde el rito pagano romano relaciona las fiestas solares con hitos de cambio de estación que se da en el caso de marzo con la “Semana Santa”, el mes de junio con la “Fiesta de San Juan”, y la “Navidad” en diciembre, incorporados en el tiempo al calendario religioso actual.

El pesebre relaciona la conmemoración del nacimiento del niño Jesús que se estampa en imágenes de un niño en los brazos que trae la orden franciscana a nuestro país, que datan del año 1200, pero que en los inicios de la época Colonial en Chile no era una “fiesta pública”, como lo son las celebraciones de la “Inmaculada Concepción de la Virgen”, la “Fiesta de San Juan” y la propia “Semana Santa”, pero que es recién hacia el 1600 al 1700 se inicia una competencia de los vecinos de la zona centro de la ciudad por tener el pesebre más bonito, aunque más tarde surgen las primeras prohibiciones de la iglesia católica ya que según la entidad eclesiástica “había demasiada jarana, demasiado baile, demasiada música, demasiada comida”, acota Ojeda.

Aunque a algunos cronistas extranjeros le llamaba la atención que el pesebre navideño en Chile fuera instalado en las capillas e iglesias con animales en vivo, la señalaban como “una celebración extrañísima”, y “grotesca”, donde los vecinos llegaban durante la noche con corderos, cerdos, gallinas, todo en el marco de una celebración del nacimiento del niño Jesús.

¿Y el arbolito de Pascua?
No hay datos muy precisos, según el sociólogo de “Cultura Mapocho”, se cree que este símbolo navideño se vincula con una imagen más bien comercial hacia principios del siglo XX, ya masificada y asociada al “viejo pascuero” de la Coca Cola, en el marco de una “celebración que nos obliga a comportarnos de una manera distinta” porque la fiesta es una ocasión especial donde el tiempo y el espacio se transmuta, periodos muy acotados, donde hay una relación especial hacia el trabajo y el ambiente festivo, como una fiesta popular que se da primero en la Plaza de Abastos y posteriormente en la propia Alameda, ya en la época republicana, con la aparición de las primeras tiendas precarias que venden productos como el “Cola de Mono”, frutas y dulces de monjas, que no fueron tradiciones estrictamente religiosas, es decir, más parecidas a las ramadas dieciocheras, dice Luciano Ojeda.

La “Pascua de los negros” o llegada de los Reyes no tiene que ver con la natividad, el traje rojo del personaje San Nicolás o Papá Noel nórdico, todo mezclado en la figura del “viejo pascuero” chileno, vestido como si fuera del Polo Norte con una temperatura que bordea los 35 grados, inclusive la adopción de la tradición del “Pan de Pascua” alemán o el pavo relleno norteamericano, esa hibridez sólo ocurre en nuestro país. Inclusive los cambios en el vestuario para celebrar es un rito foráneo.

Entre los días fastos y nefastos, que instauraron los romanos, este rito señala que en el caso de los primeros es licito trabajar y aquellos días nefastos son para ofrendar a los dioses, por ello trabajar en días fastos se vuelve nefasto para los paganos, ya que los dioses han sido desatendidos por los mortales, en medio del despilfarro social y la desinhibición emocional.

Los fuegos artificiales entran en la historia de las celebraciones en Chile gracias a la tradición hollywoodense, pero no fue hasta 1953 en Valparaíso, que se instalaron las primeras señales de celebraciones pirotécnicas en un espacio y tiempo extraordinario. Lo que caracteriza inequívocamente a una fiesta, según Ojeda, son cuatro elementos básicos “como el alcohol, la comida, la música y el baile”, sin los cuales es imposible pensar en un carnaval o en un acontecimiento extraordinario.

Finalmente, aquellas tradiciones como dar vuelta a la cuadra con una maleta, ponerse ropa interior amarilla, comer lentejas o uvas, entre otras, son parte del imaginario colectivo ciudadano que perdura hasta la actualidad y que fue traída por los inmigrantes, muy relacionadas con los cambios de ciclo cada final de año.

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