Luciano Ojeda habla de crímenes, amoríos, balas y mujeres


“Crímenes apasionados en Santiago” fue lo que compartió con nosotros el sociólogo de Cultura Mapocho Luciano Ojeda, pero de una pasión que solo se puede encontrar en las novelas, ya que fueron cometidos por escritoras. Se trató del intento de asesinato realizado por María Luisa Bombal en contra del aviador civil y activista político Eulogio Sánchez Errázuriz, en 1941, y del homicidio consumado de Roberto Pumarino Valenzuela, que 14 años después cometió en el mismo lugar la también escritora María Carolina Geel. Ambos hechos de sangre ocurrieron a la sombra del entonces famosísimo Hotel Crillón.

Ubicado en centro de Santiago – Agustinas con Ahumada-, ese Hotel Crillón fue construido entre 1917 y 1919, y entre los años ’30 y ’50 fue lo más top de la hotelería capitalina y lugar de encuentro social, especialmente de los escritores. Según nos contó Luciano, la Bombal, una incipiente escritora, volvió a Chile desde Francia (y por mar) en 1940, y en Valparaíso conoció al que sería su tortuoso amor por un tiempo, Eulogio Sánchez, miembro de las Milicias Republicanas y uno de los fundadores de la aviación civil de Chile, no por nada el aeródromo de Tobalaba lleva su nombre. La relación entre ambos fue bastante bipolar mientras duró, y luego de un intento de suicidio, en 1941 María Luisa le pegó tres balazos (a boca de jarro) a su gran amor, en un costado del Hotel Crillón de la calle Agustinas.

La Justicia fue benevolente con ella, y como él solo resultó herido y no presentó cargos, así que sus amigos Pablo Neruda y Delia del Carril (la Hormiguita) se la llevaron a Buenos Aires para que se despejara. Luego de otro amorío para el olvido, María Luisa partió rumbo a Europa y de allí a Estados Unidos, donde se casó con un señor ligado a Hollywood y estuvo a punto de convertir una de sus novelas en una película, pero eso no funcionó, a pesar que el propio John Huston se sintió atraído por la idea. A los años María Luisa volvió a Chile, en los ’70 y varias veces estuvo cerca de ganar el Premio Nacional de Literatura, pero eso no ocurrió porque uno de los jerarcas de la dictadura se opuso a darle ese galardón a “una vieja curá”, añadió el sociólogo Ojeda.

Luciano Ojeda,en este sabroso relato dice que, 14 años después de ese intento de asesinato, otra escritora, María Carolina Geel –cuyo nombre real era Georgina Silva Jiménez, manchó uno de los salones de té del Hotel Crillón con la sangre de su amor, precisamente porque era lo que más amaba en el mundo. Ella, de 42 años, se enamoró de Roberto Pumarino Valenzuela, un periodista de 26 años con el que no tenía futuro, pues estaba casado y su mujer no aceptaba anular el matrimonio. También una relación tortuosa que terminó después de un tiempo con el alejamiento de ambos, ella finalmente se fue de Santiago.

Pero después de un tiempo, la Geel volvió a la capital e invitó a tomar té en el Crillón a Pumarino Valenzuela. Allí ella se entera de la muerte de la esposa de Roberto, pero también que este al sentirse solo se buscó otra pareja, joven como él, y que tiene planes de matrimonio. La escritora no soportó el despecho, y a las 17.00 horas del 14 de abril de 1955 sacó de su cartera una pistola y le asestó cinco tiros al individuo, cada uno de ellos mortal por si mismo. El primero fue en la boca y el último en el hígado. Después, mientras abrazaba el cuerpo sin vida, según los testigos dijo algo así como: “Lo maté porque lo amaba”.

La escritora, que ya contaba con tres libros y un ensayo a su haber, fue condenada a tres años y un día de prisión, pero no cumplió toda la condena, pues nuestra Premio Nobel de Literatura, Gabriela Mistral, consiguió que el Presidente Carlos Ibáñez del Campo la indultara. La estadía en prisión, eso si, le sirvió para escribir su novela más famosa: “Cárcel de mujeres”, nos relató Ojeda.

Vuelve a escuchar la entrevista: viernes 3 de julio.

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