Familia Lizana: un patrimonio vivo de cuatro generaciones de chinchineros y organilleros


La historia de la Familia Lizana en el oficio comienza el año 1936 mientras el patriarca Héctor Lizana Gutiérrez acompañaba a un organillero vendiendo pelotas de aserrín por las calles y plazas de Santiago. Dos años más tarde pasaría a tocar los platillos y bombo del ‘chinchín’. Citoyens 102.5 FM, a través de su microespacio “Conexión Patrimonial”, conversó con Héctor y Manuel Lizana, herederos de una familia de cuatro generaciones que fuera declarada “Tesoros Humanos Vivos”del patrimonio cultural chileno.

Que el organillero y chinchinero son personajes patrimoniales que evocan nuestra nostálgica infancia en los barrios de todo el país, ya no cabe duda. Los sonidos que emanan de estos instrumentos son inequívocos en la retina emocional. Aunque el tiempo ha ido abandonando paulatinamente esta ‘dupla de oro’, y que los antiguos ‘bombistas’, ahora chinchineros, por su carácter onomatopéyico para hacer sonar sus platillos, en algunos lugares ya no trabajan juntos, la familia Lizana aunque reconoce esta realidad declara que ellos mantienen esta hermosa tradición duopólica.

Pero Manuel Lizana fue desde su adolescencia un curioso del organillo. Todo comenzó con la muerte de un viejo luthier Enrique Venegas, quién falleció el año 1984, dejando un vacío en la reparación del instrumento. Esta misión la adoptó la familia Lizana con mucho cariño y dedicación para cubrir parte del abandono de sus colegas, producto de la partida del antiguo maestro, para sostener porfiadamente una tradición que ya tiene más de 100 años en Chile. “Mi papá va a cumplir 90 años”, y cuando él comenzó ya existían muchos organilleros, especialmente en el Sur de Chile – agregó Manuel.

Estos verdaderos embajadores de la cultura patrimonial han recorrido toda Europa y América, participando en festivales mundiales “y los únicos latinos somos los chilenos”, y es por ello que el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Patrimonios, financió parte de sus viajes, no solo para los encuentros internacionales, sino que también para intercambiar experiencias con los alemanes Jager y Brommer, verdaderos luthiers mundiales del organillo.

Mientras escuchamos “Gracias a la Vida” (versión orquesta men), la emoción que surge junto a los sonidos es inconmensurable, única, una verdadera joya del patrimonio musical organillero. La forma de componer las pautas musicales se inician con una composición en papel que se traslada a un relieve en metal, y luego, a una madera de sobrerrelieves que le otorga el sonido final.

Según, Héctor Lizana, nieto del patriarca, en el repertorio popular que se interpreta, la música chilena es la favorita de los barrios, especialmente la de Violeta Parra, pero también los ciudadanos le piden tangos, foxtrot, y otros ritmos populares clásicos.

Ya van cuatro generaciones de amor y pasión por el organillo y el chichín, una vida dedicada a recorrer el mundo y anclados en la Fundación ‘Patrimonio musical hecho a mano’, con quienes proyectar realizar el próximo año en nuestro país un encuentro internacional de estos cultores populares.

Aunque las mujeres dedicadas a este oficio son menos, Héctor dijo que: “hay como 6 o 7 mujeres organilleras que están en nuestra agrupación” y otras tantas en el oficio de las chinchineras. La tradición de la familia Lizana, declarada “Tesoro Humano Vivo”, seguirá hermoseando los barrios y ciudades del mundo con sus sonidos patrimoniales que evocan infancia y humanidad.

Más informaciones en: www.chinchineroslizana.cl

Vuelve a escuchar la entrevista: viernes 11 de mayo.

 

 

 

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