Adriana Tureuna: la hilandera de Quemchi que viaja más allá del arte del telar


“Un pueblo sin leyenda no tiene cultura”.
Es una de las tantas enseñanzas que nos dejó Adriana Tureuna, hilandera y textilera de Quemchi, en la Isla grande Chiloé, quien ha realizado un rescate patrimonial del arte del telar, en la cual muestra técnicas antiguas, como el tejer en el ‘Kelgwo’ (telar que se instala en las rodillas o en el suelo). Para saber más de este oficio ancestral, el nuevo microespacio “Conexión Patrimonial: Sonidos de la Geografía Humana”, de Citoyens 102.5 FM, conversó con esta artesana que mezcla lo aprendido por sus abuelas y las nuevas creaciones.

En la zona sur de nuestro país el arte del telar se caracteriza esencialmente por la influencia Mapuche y Huilliche. Precisamente, a mediados del siglo XIX la cultura nativa fue relegada desde el Sur del Biobío hasta Chiloé. En las zonas costeras de estos lugares encontramos las actuales manifestaciones del trabajo del telar.

El telar de Chiloé se caracteriza por el “kelgwo”, cuya estructura de madera permite crear frazadas, alfombras y ponchos, es decir, piezas textiles de gran tamaño. La artesana Adriana Tureuna cree que este oficio se está perdiendo poco a poco debido a que los telares están desapareciendo de las casas y las mujeres mayores ya no están en condiciones físicas de trabajar en ellos. “En mi caso mi yo lo acondicioné para que pudiera tejer sentada y no estar tanto tiempo de rodillas, si uno no tiene ese telar no se pueden hacer piezas grandes” – dijo.

El oficio patrimonial es una herencia cultural antigua y que conecta a mujeres y hombres del pasado con el presente. Esta ocupación genera una continuidad con las nuevas generaciones a través del traspaso de los saberes, y con ello la identidad y riqueza que conlleva. Aquello hace que el arte del telar esté denominado como un oficio patrimonial de gran relevancia.

Tejer en ‘Kelgwo’ está siendo cada vez más conocido gracias al trabajo de rescate de la técnica original por parte de las hilanderas y textileras del sur del país, encabezadas por Adriana Tureuna, y con el apoyo de la Fundación Artesanías de Chile.

“El primer telar me lo hizo mi papá y todo lo que sé lo aprendí de mi abuelita, mamá y las vecinas que también eran abuelitas. Desde pequeña me motivo ir mirando cómo se hacía este trabajo, crecí entre la lana, el telar, cortando las raíces de las plantas para teñir el hilado. Me enseñaron desde la esquila de la oveja, luego hilar y teñir hasta hacer una pieza en el telar” – recordó Adriana.

El arte del tejido ancestral – explicó la maestra chilota – contempla varias etapas que van desde la compra de la materia prima sin procesar, o sea el vellón, el que su abuela hilaba sucio para después lavarlo. Posteriormente, se realiza la recolección de hojas o raíces para el teñido en diversos colores, los que logran mayor o menor tintura dependiendo de la cantidad de hojas hervidas en ollas de gran tamaño. Luego de varias horas al fuego de leña, se deja enfriar la mezcla cromática y queda lista para comenzar el trabajo en el telar.

Adriana Tureuna es optimista sobre el futuro de esta tradición ancestral, y aunque reconoce que al interior de su propia familia no hay mucho interés por el telar, al parecer se asoma una luz de esperanza con sus nietas, las que están aprendiendo el oficio con mucho entusiasmo.

Además, esta maestra nunca está en un mismo lugar por mucho tiempo, su segunda vocación es la enseñanza de su oficio a través de talleres para mujeres en la Biblioteca de Quemchi, y en este último tiempo, en el Centro Cultural La Moneda, lo que se suma a los cursos dictados sobre trabajos patrimoniales en diversos colegios de la zona sur del país.

Finalmente, esta representante huilliche de las hilanderas y textileras del Sur, declaró no estar en contra de la innovación o la modernización del tejido, pero al mismo tiempo, enfatizó que se debe mantener la cultura ancestral del oficio textil ya que es un trabajo que tiene un valor incalculable. Según Tureuna, hay investigaciones que señalan que las alfombras y frazadas hechas con esta técnica tienen una duración de más de 100 años.

Volver a escuchar la entrevista: viernes 4 de mayo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *